Para dejar de perseguir la felicidad laboral…

No hace falta que sea feliz en su puesto. Y menos aún que se obsesione con la satisfacción laboral. No es un disparate, ni se trata de un consejo absurdo. La felicidad laboral no es para siempre y tampoco encontrará el trabajo perfecto. La frustración llega en el mismo momento en que aparece el empecinamiento por vivir en un paraíso profesional que no es real, ni duradero. No queda más remedio que reinventar cada día el puesto que ahora tiene.
Sin exagerar ni agobiarse más de la cuenta conviene que se plantee cada día que este puesto que tiene, y que quizá ahora le parece ideal, puede llegar a aburrirle y a frustrarle. Debe prever que lo que hoy le hace feliz profesionalmente puede resultarle difícil de soportar dentro de algún tiempo.

Pilar Jericó, presidenta de Be-Up, cree que “hoy se magnifica la felicidad y eso nos ha esclavizado mucho. A veces se confunde el estado emocional con la emoción concreta, igual que ocurre en la relación de pareja. El estado emocional está más cerca de la serenidad que del entusiasmo y es más largo en el tiempo que la emoción. La verdadera satisfacción en el trabajo se ve en espacios largos de tiempo. Si lo sometemos a la intensidad de la emoción es difícil. Y aunque uno esté encantado, hay que tener en cuenta que la queja es propia de la naturaleza”.

Jorge Cagigas, socio de Epicteles, coincide en que “aquellos que se muestran extremadamente felices tienden a perder la credibilidad en las empresas. Quienes siempre se muestran inexplicablemente contentos no apoyan ni motivan a la organización, forman parte del mobiliario positivo y quedan descalificados“.

Hay quien habla de narcotráfico de las emociones y los sentimientos; de campañas de marketing que intentan hacer retornar al jardín de infancia y de que, en el terreno de la felicidad, hay empresas que entran en territorios que no les corresponden.

Por definición, una compañía no está para hacer feliz a la gente. Cabe preguntarse si una compañía ha de ser feliz o más bien rentable, desde el respeto y el cuidado de los empleados, y que éstos puedan desarrollarse profesionalmente. La organización debe facilitar que sus profesionales estén formados, que concilien, que puedan desarrollar su carrera. Pero no que sean felices.


Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, explica que “durante pequeños periodos sí se puede y se debe ser feliz en el puesto que ocupamos, pero no de manera continua, porque tiene sus riesgos. Es bueno estar en guardia de forma permanente para no quedar desfasado o fuera del mercado. Conviene interesarse por nuevos retos y desafíos de nuestro sector o de nuestra profesión y formarse continuamente. Hay que mantener cierta visibilidad y ser empleable. Y evitar caer en la zona de confort que nos aburguesa”.

Peñalver añade que, aunque el trabajo esté bien y satisfaga, los intereses y valores van cambiando. “Esto no sólo depende de uno mismo. Nuestra empresa y su cultura también van a cambiar, y también el mercado, la tecnología, e incluso las necesidades de nuestros clientes”, dijo. Recuerda además que hay que mantener siempre cierta tensión. “Somos personas antes que profesionales. Si a nivel personal hay algo que falla, afecta a nuestra felicidad laboral”, agregó.

Cagigas opina que exagerar es perjudicial. “Si uno se plantea que lo más feliz es el trabajo, se produce un desequilibrio en su vida. Si todo pivota alrededor de nuestra actividad profesional nos convertimos en workaholics. Si todo gira alrededor de nuestra actividad no existen elementos de medida para afrontar otro empleo o para cambiar. No se podrán ver las transformaciones necesarias, ni por dónde vienen las dificultades. Y no estaremos preparados para buscar alternativas o soluciones. Si uno se vuelca en ese trabajo no visualiza las oportunidades profesionales que vienen, y quien no es capaz de construir un modelo objetivo tomará las decisiones equivocadas en un proceso de nueva búsqueda.

Cagigas insiste en que precisamente en esa búsqueda puede haber una escucha pasiva (alguien nos llama), o una escucha activa (un headhunter nos reclama y nosotros nos preguntamos si la oferta puede ser interesante). Se da asimismo la búsqueda pasiva (estar atento), la búsqueda activa y la que se puede considerar como desesperada: “Pasar de la escucha pasiva a la búsqueda desesperada es un salto demasiado grande, y el quebranto emocional puede ser gigantesco”.

José María Gasalla, profesor de Deusto Business School, recuerda que “cuando se tienen dudas, es bueno plantearse al menos tres cuestiones: la primera es si en su compañía actual -de la que está pensando irse- le respetan y si se siente valorado en ella. La segunda es si sigue aprendiendo. Y la tercera implica comprobar que lo que hace en su actual trabajo esté alineado con el sentido de su vida”. Si la respuesta es “sí” a todo, quizá marcharse no sea lo más oportuno”. Ante la duda acerca de si quedarnos o irnos debemos pensar si el verdadero cambio es dejar la empresa, o si lo verdaderamente transformador y eficaz es permanecer (reinventándose) en ella.

Principios básicos

  • El trabajo perfecto que lo haga feliz para siempre no existe; hay que crearlo. No es la empresa la que debe buscar la felicidad de los empleados. Esta es una tarea de cada uno que ha de trasladarse al entorno de trabajo.
  • La verdadera satisfacción laboral tiene mucho que ver con la capacidad de reinventarse profesionalmente y dotar de valor cada día a nuestro puesto de trabajo. Incluso aunque lo aborrezca.
  • Dedique tiempo de calidad para preguntarse qué significa para usted el trabajo, qué quiere conseguir, a dónde quiere llegar, qué papel juega en su vida en comparación con otros aspectos. Este ejercicio debe hacerse con cierta regularidad, no una vez en la vida.
  • Unas altas perspectivas sobre las circunstancias favorables de vida pueden asociarse con una gran satisfacción vital, pero si se espera algo irreal, esto es sólo un principio de infelicidad. Esto vale también para el trabajo, tanto para sobrellevar un puesto que aborrece como para cuidar de que un empleo ideal no se convierta en algo rutinario que incluso pueda llegar a odiar.
  • No sea absoluto: el trabajo ideal para usted es relativo y depende del contexto. No puede tener una visión de blanco o negro, sino más relativa
  • Elija el momento oportuno, y compruebe la oportunidad de ir hacia el exterior o quedarse en su compañía. Tenga en cuenta que la imagen que proyectan muchas empresas hacia afuera no coincide con lo que perciben quienes trabajan en ellas. Cuando decide irse y llega a una organización que supuestamente es ideal, quizá compruebe que es peor que aquella de la que se ha ido.

Bases para la satisfacción

  • Necesita seguridad en el trabajo. Requiere esfuerzo positivo por parte de quien dirige.
  • Quiere reconocimiento. Parece obvio, pero una encuesta de Gallup concluye que los empleados que lo reciben regularmente incrementan su productividad, están más comprometidos y tienden a permanecer más tiempo en su organización.
  • Desea ser comprendido. La misma investigación de Gallup señala que uno de los grandes errores de los jefes es no escuchar ni entender a sus empleados. La confianza de un equipo se erosiona cuando el superior no solicita la opinión de los miembros de éste.
  • Que el trabajo tenga sentido y un propósito.
  • Comunicación: Saber lo que pasa en la compañía. Se trata de tener claro cuáles son los objetivos y qué se espera de usted.

    Fuente: El Observador

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