Liderazgo: ¿El fin de “La Mujer Maravilla”?

Durante las últimas semanas estuve analizando las críticas y reacciones al estreno de la película “La Mujer Maravilla”. Noté un mismo patrón en cada artículo: todos hablan de las políticas de género. Hollywood y la prensa seguían de cerca a Patty Jenkins, la primera mujer en dirigir un largometraje de superhéroes, y estaban al acecho para juzgar su éxito o fracaso.

Me sentía emocionalmente desgarrada; dividida entre apoyar a quienes a las débiles voces del movimiento de igualdad de género en un ambiente dominado por hombres y, por otro lado, el dejar de lado el tema “género” para permitir que el mérito de la obra fuera independiente.

Seguramente Jenkins querría tener superpoderes para tolerar la presión bajo la que se encontraba. Ella no tenía demasiada experiencia dirigiendo este estilo de películas y además, se le dio el presupuesto más grande jamás otorgado a una directora femenina. Si bien es habitual que los productores arriesguen contratando directores poco experimentados, había una percepción de que, esta vez, corrían más riesgo por tratarse de una mujer.

Una premiére de semejante envergadura pondría nervioso a cualquier director. ¿Por qué sumar presión para que Jenkins demuestre que las mujeres también tienen un lugar de importancia en Hollywood?

Las mujeres como Jenkins son pioneras y modelos para todos aquellos que quieren ver otra realidad en las futuras generaciones. Hay una imposición tácita, para estas mujeres ejemplares de abrir camino y portar la bandera para quienes vienen detrás.

Ylva Johansson, ministra de Empleo e Integración de Suecia, compartió esa misma sensación en su discurso en la Cumbre de las Mujeres Más Poderosas de Fortune, realizado en Londres, la semana pasada: “Si tienes poder, tienes la obligación de emplearlo para allanarle el camino a los demás”. Luego, le contó al público el por qué aceptó su primer rol en el gabinete, con 30 años de edad y mellizos de apenas 4 meses de vida. El Primer Ministro de esa época dijo que quería formar el primer gabinete del mundo con igualdad de género y la convocó porque “necesitaba su ayuda”.

A veces no es la magnitud del cargo lo que pesa en las mujeres, sino la presión de tener éxito por ser una mujer en ese rol. Lo he visto decenas de veces en el ámbito empresarial, en el que las organizaciones buscan aumentar el porcentaje de mujeres en roles de liderazgo. Las pocas mujeres que llegan a la cima, sienten que están bajo una inmensa lupa y que las expectativas que recaen sobre ellas, son muy elevadas.

Una vez, al dirigir un focus group de mujeres líderes en una institución financiera, estaban todas de acuerdo con que querían ser ejemplos; querían que las mujeres avanzaran hacia roles de liderazgo en su empresa e industria y querían ser las campeonas del cambio. Pero, como era muy pocas, cargar con esa bandera; esa responsabilidad, les demandaba muchísimo tiempo y esfuerzo diario.

Por un lado, debemos remarcar el éxito de las mujeres que forjan camino y son ejemplo para las nuevas generaciones; para aquellas que demuestran que las mujeres tienen poder y no se necesita ser una Mujer Maravilla para conseguirlo. Por otro lado, esto, ejerce mayor presión sobre las mujeres que llegan a la cima, creando expectativas extraordinarias.

¿Cómo podemos reconocer los logros femeninos sin aumentar la presión por representar al género?

Una de contras que genera celebrar a estas “mujeres maravilla” es que dejan poco espacio para el error; para la realidad que implica liderar y rendir en altos niveles. Las mujeres necesitan el mismo tiempo y espacio que los hombres para evaluar nuevas ideas, desarrollarlas, fallar y volver a intentar. Pero si cada vez que a una mujer se le presenta una oportunidad de éxito debe pensar que el resultado de sus acciones impactará en toda mujer que siga su ejemplo, la presión no sólo es insostenible, sino, limitante.

Durante la última década tuve el incomensurable placer de trabajar con mujeres para ayudarlas a elevar su capacidad de influencia, a avanzar hacia roles de liderazgo y a apreciar su éxito que es y será el modelo para las demás mujeres. Pero, también espero con ansias que llegue el día en que no tengamos que desarrollar programas de liderazgo orientados a mujeres. Espero el día en que no haya más una “Mujer Maravilla”, porque eso significará que su reconocimiento será por sus méritos, por su logro y no por la batalla de género que tuvo que librar para alcanzarlo.

Fuente: Tammy Heerman – LHH – Reino Unido

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