El valor de una buena reputación

La reputación es el motor de la vida social y laboral. Los líderes pueden desarrollar una reputación por muchos motivos en su trabajo: como ser expertos en su materia, ser un buen compañero o un gran estratega. Todos intentan crear una imagen positiva pero, las reputaciones negativas suelen crearse en forma paralela e inadvertida. Esas influencias se basan en la percepción de otras personas y no son necesariamente acertadas.

Una reputación positiva se mide en la forma en la que los líderes son percibidos por los demás a lo largo del tiempo de acuerdo con su desempeño, competencia, carisma y compañerismo. No se crean de un día para otro sino mediante la constante demostración de conducta, comportamiento y valores.

¿Por qué es tan importante mantener una buena reputación?
Porque está ligada al poder personal del líder. Con poder, los líderes ejencen influencia en sus colegas para sacar el trabajo adelante. Por lo que, sin poder personal o influencia, es muy difícil poder trabajar.

Hace poco, recibí un llamado de un líder, Pablo, que estaba buscando un coach. A pablo le habían hecho fama de “Se un mal compañero de equipo”. En su empresa, ese era el beso de la muerte. Pablo notó que, en los últimos meses se lo marginaba de las iniciativas clave, y lo que más lo preocupaba era que su jefe le aconsejó que tomara otro rol menos visible y crítico en la organización. Pablo sabía que necesitaba mejorar su reputación o siguiente paso sería hacia la calle.

Sabiendo que las reputaciones no se construyen al instante y, en consecuencia, tampoco sus cambios, Pablo y yo comenzamos a trabajar en la estrategia para revertir la situación. Como la reputación se basa en la habilidad de un líder para sobresalir en un área valiosa para una organización, Pablo tenía que mejorar la percepción de sus colegas acerca de su forma de trabajar en equipo. Pablo tenía que demostrar que era buen compañero ante la mirada ajena.

Por ejemplo, si antes Pablo tomaba proyectos que eran para hacer en equipo y resolvía todo solo; ahora tenía que dejar que otro tomara el mando del proyecto. Tenía que contenerse en su ansia de dirigir y en cambio, hacer preguntas perspicaces, en lugar de decirle a todo el mundo lo que debe hacer. Luego de varias reuniones, sus colegas comenzaron a confiar en su nuevo enfoque y notaron que Pablo ya no necesitaba hacerse el “sabelotodo”. Al cabo de dos meses de aplicar esta táctica, su jefe le hizo un cumplido inesperado: “¡No sé cómo lo has logrado o qué has estado haciendo, pero tu equipo te adora!”.

Mejorar los conocimientos o la experiencia no bastan para crear una buena reputación. En este caso, Pablo necesitaba comunicarse con sus colegas en forma efectiva, desarrollar su influencia y ser consistente. Afortunadamente, él estaba motivado y confiaba en que podía cambiar su entorno mostrándose afable y eficaz.

Por último, como la reputación se basa en hechos observables tanto como en el boca a boca, era fundamental que Pablo desarrollara una red de contactos. Entonces se enfocó en conocer y entender a sus compañeros y emplear ese conocimiento para influenciarlos a actuar de forma de mejorar sus objetivo personales y organizacionales. Pablo, con su cambio de actitud atrajo la atención adecuada a la vez que entabló valiosas conexiones sociales.

Al cabo de unos meses, su reputación cambió por completo: era considerado un gran valor dentro de la empresa, un excelente compañero de equipo y un líder apreciado. Tu reputación siempre te precederá pero, con un buen enfoque puedes cambiarla.

Fuente: Tracy Cocivera – Vice Presidente de National Coaching Practice Lead and Master Coach en LHH Knightsbridge.

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